jueves, 3 de mayo de 2012

2ª Crónica del encuentro de Hispacuarela en Úbeda

  Comienza la tarde del sábado día 28 de abril en la que teníamos previsto visitas a la capilla del Salvador, que nos impresionó a todos por la espectacularidad de su barroco y por la profesionalidad del guía. Después se visitaron distintos edificios de Úbeda monumental, Ayuntamiento, con su espectacular patio, los edificios de los juzgados y varias iglesias. Siempre la persistente lluvia nos iba acompañando y, por último terminamos en un monumento judío que está aledaño a la casa del antiguo Inquisidor General , es la llamada Sinagoga del agua.
Un monumento subterráneo descubierto recientemente y que nos ilustró perfectamente sobre las costumbres y ritos de la comunidad judía, del aspecto misterioso que la contrarreforma, con la Inquisición al frente, impusieron a sus ritos, por el peligro inminente de ser descubiertos.
Está formada esta sinagoa por una serie de salas escondidas en una edificación antigua, llena de pozos con extraños comportamiento de sus aguas y con un acceso  medio laberíntico a una sala con un estanque rectangular escalonado en uno de sus lados. Estos escalones llegan hasta el nivel del un agua clarísima que mana de la tierra y que era con esa agua con la que purificaban todo:enseres domésticos, personas, elementos rituales, etc.

 El guía fue un gran animador de esa hora casi y media que duró la visita y tras ella llegamos al hotel donde, al parecer también se lo estaban pasando en grande con un show que montaron entre Julián y Alfonso con la participación involuntaria de unas turistas alemanas. Este espectáculo fue el centro de comentarios  de una de las mas divertidas cenas que he pasado en mi vida. Terminamos de cenar cerca de la una de la madrugada.
Habíamos decidido antes de la cena que al día siguiente iríamos a visitar Baeza, pues era una pena no visitarla estando sólo a siete Km de distancia.
Cuando despertamos al día siguiente, instintivamente me asomé a la ventana y... efectivamente, allí estaba la lluvia tal y como había anunciado el hombre del tiempo. Nos acompañó durante toda la mañana, pero tuvo la deferencia de escampar una hora para que pudieramos ver  toda la hermosura de Baeza, centro del poder eclesiástico de la época del renacimiento español.
 Los edificios histórico-monumentales de Baeza están en una zona recogida de la ciudad aunque también había paseos grandísimos con parterres ajardinados y soportales y  un Ayuntamiento, cuyo edificio es digno de admiración.

Entre los edificios antiguos, hay que destacar la catedral, de varios estilos arquitectónicos, la románica Iglesia de Santa Cruz, la fachada plateresca del Palacio de Javalquinto, la actual universidad de Antonio Machado, antiguo seminario, la fuente  de la plaza de Santa María, ya de un preciosista estilo barroco, los callejones de la parte de detrás de la catedral angostos e íntimos, el arco de Villalar en la Plaza de  los Leones con su fuente en la que se recuerda a la mujer de Anibal , etc, etc.
Iglesia románica de Santa Cruz


Llenamos las tarjetas de memoria de nuestras cámaras fotográficas con las imágenes que nos llamaron la atención. Visitamos una exposición del poeta Antonio Machado, con la publicaciones del escritor en periódicos de la época, con manuscritos auténticos  de poesías conocidísimas, con dibujos que le hicieron y con dos preciosas acuarelas de un patio donde vivió.
Mientras terminaban de saborear la exposición, algunos se decantaron un poco antes por saborear una cervecitas con unas tapas de carne de conejo con la que nos chupamos los dedos.
Terminada al visita turística en la que competían como cicerones el matrimonio Antonio-Chonci, acompañados de vez en cuando por Juan Valdivia nos dirigimos al aparcamiento aledaño al cuartel de sementales, donde teníamos los coches,  y de vuelta a Úbeda, a comer.
El restaurante donde comimos es un lugar muy típico que  han sabido darle un uso más pacífico a un antiguo refugio de guerra escavado en la roca, haciendo de él un lugar donde se disfruta de los platos propios del lugar.
Tienda taller de un amigo ceramista del compañero Dr. Antonio

Estuvimos largo tiempo degustando esos platos y departiendo entre nosotros de nuestros temas preferidos: el arte en general y la acuarela en particular.
Y así llegamos al punto y final de nuestras jornadas de encuentro y cargados de buenos recuerdos comenzamos poco a poco a despedirnos. Nosotros particularmente la despedida la hicimos desde el hotel, puesto que nuestro coche lo teníamos allí aparcado. El bueno de Antonio nos mostró el camino de vuelta hasta salir de la ciudad, terminando todo como había empezado: con la amabilidad de los ubetenses.

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