Nacimiento del Guadiana

El Guadiana, el río misterioso, según los árabes  guad = río,  annas= patos, es decir el río de los patos.
Nacía el río cuando yo era niño, en una zona húmeda en la encrucijada de la carretera N-420, en el tramo de Daimiel-Arenas de San Juan, con el carreterín que une Manzanares con Villarrubia de los Ojos.
En ese lugar (ahora un trigal) había multitud de charcos,  cuyos fondos se veían burbujear por el manar contínuo de las aguas frescas, limpias y transparentes. Estos charcos de comunicaban unos con otros formando por entre los juncos, la enea y otras plantas acuáticas, una intrincada red de canalillos que terminaban vertiendo en un canal más grande que  iba incrementando poco a poco su cauce. Los charcos a los que me refiero son los llamados "Ojos" por estos ojos del Guadiana rebosaba el agua del acuífero mayor de España, el acuífero 23.
Las aguas que corrían por este mar subterráneo  se habían acumulado a lo largo de los milenios, eran aguas fósiles que se han usado de forma caprichosa y codiciosa por parte de la agricultura extensiva hasta casi agotarlo.
Eran tiempos en los que en la localidad de Daimiel el agua estaba "somera"  a unos 5 metros de profundidad, por lo que en todas las casas había al menos un pozo en medio del patio y a veces otro en el corral para beber los animales.

Cuando el agua se extraía con los las tradicionales norias tiradas por  borriquillos  con los ojos tapados todo fue bien; pero aparecieron primero los motores de gasolina Pivas y Liskas de pequeña cilindrada que se instalaban en una abertura lateral inclinada, "la mina" y, después llegaron los motores de gasoleo  Ditters, Campeones de mucha mayor cilindrada y potencia y por último motores de una potencias enormes que hacen girar lo que se llaman bombas verticales y extraen auténticos cauces de río. Estas enormes cantidades de agua se han usado para cultivar de forma extensiva grandes superficies de remolacha o maíz, cultivos propios de zonas mucho más húmedas que la Mancha. Si a ese hecho le sumamos la avaricia de los propietarios de las fincas aledañas a las riberas para bajo la excusa  de desecar zonas pantanosas insalubres, abrieron un zanjón enorme y profundo donde vertieron las aguas del Guadiana, secando zonas que después se transformaron en salitrosas secandose el subsuelo con gran cantidad de turba acumulada de miles de años. Turba que por pura oxidación con el aire se prendió fuego por la parte interna  quemándose  como un enorme brasero al aire libre. Este brasero quemó gran parte de las zonas próximas a los Ojos del Guadiana (Molino de Zuacorta) que era donde yo solía bañarme todos los domingos en verano.
Los niveles freáticos bajaron aalarmantemente  y los agricultores tubieron que organizarse creando Comunidades de Regantes, con buena intención pero permisivas. Hubieron miles de perforaciones ilegales  y nunca se cerró ninguna por no ser politicamente correcto con lo que los niveles freáticos bajaron más y más.
El agua ya no salía del acuífero si no era impulsada por motores y la sequía se fue adueñando del Guadiana que se transfomó en un cauce seco . Para mantener el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel tenían que estar funcionando motores que extraían el agua del acuífero para que después fuera absorvida  de nuevo por el suelo de Las Tablas que funcionaba como una esponja.
Llegó un momento en el que la dejadez de nuestros políticos y el ansia de nuestros agricultores hicieron que se encendiera de nuevo el brasero. Esta vez se encendió en el mismísimo Parque Nacional con lo que los políticos  y  regionales se alarmaron; se alarmaron no por no cuidad la naturaleza, sino por que les podían quitar las ayudas del Fondo Común Europeo y darles un buen tirón de orejas. o peor, multarles , por permitir el tremendo desastre ecológico que supondría.
En 2010 la propia naturaleza, fue la que con las abundantísimas lluvias inundó en Parque y salvó a las Tablas de una muerte previamente anunciada.
Ahora estamos en un impás de espera, pero no se han tomado medidas para soluciónar el asunto y sin duda llegarán nuevos periodos de sequía que amenazarán de nuevo a Las Tablas.

Este asunto es el que me ha llevado a crear esta serie de acuarelas sobre el primer tramo del Guadiana,  de los afluentes de su cabecera y del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.